Imagen que respira deporte: Parte del plantel de Yayo post partido
Cuando la idea de formar este equipo era mucho menos que eso, supimos de entrada que no sería fácil.. limitaciones existirían, pero las ganas de correr detrás de un balón y cada tanto poder tocarlo, eran tantas que se fue gestando lo que hoy es una realidad: Yayo y el Cuarteto Obrero F.C. Este equipo cuenta con una estrecha historia pero a pesar de esto, nunca le huyo a las dificultades; A la hora de buscar torneos y toparse con el de Villaviciosa de Odon en lo que parecía una ganga de inscripción, recibió su primer revés: después de hacer la reserva de 300 €, en una de sus noches de insomnio de fin de carrera, Carlos buceaba por la web del torneo y se cruza, en un rincón, con la suma de 1100 €, monto real de la inscripción al torneo, lo otro fue un espejismo… mientras los miembros del plantel intentaban buscar explicaciones a la sospechosa información del torneo, el equipo tenía una misión: buscar jugadores y convencerlos de “sale 100 euracos, como todos, son muchos partidos eh!”… nuestra pésima faceta comercial no escondió la objetividad de este mundo: el fútbol se vende sólo, y la gente comenzó a aparecer, de pronto, hasta por la web, en fiestas, en todas las esquinas de Argüelles se comenzaba a gestar una pasión(?): la gente quería jugar en el Yayo, al día de hoy siguen llegando cartas desde Phoenix, Wichita, San Petersburgo y Negreira, para ser parte de esta gran familia amante del balompié. El almanaque señalaba la fecha del 16 de octubre como día de la presentación del equipo, la formación para el estreno presentaría ciertas bajas pero el equipo estaba tranquilo, sabía que no importaría la cantidad de jugadores que presenten; nada haría escapar al Yayo Fútbol Club de algún que otro obstáculo, y así fue, a las 16:45 del domingo, el árbitro (pelirrojo ladrón) pedía la pelota para dar inicio al cotejo, ¿Cómo estaba el equipo en ese momento? Motivado, si, pero con sólo 5 jugadores sobre el verde y artificial césped; “ya llegan juez! Es que es la primera vez que vienen para acá, y se perdieron”… implorar no servía y hubo que comenzar con 5, fue el mejor momento del equipo.. que promedió los casi 6 minutos sin encajar goles. El equipo se paró de atrás para adelante con un ¿portero?, tres rudos zagueros y un extremo circunspecto. Con Lucas debajo de los tres palos, Alfredo se hizo cargo de la banda derecha, Carlos de la izquierda, Miguel Ángel se adueño del medio campo y Oscar sembraba el terror con su fútbol anárquico y desfachatado. El equipo prometía y el rival lo notó, que con dos jugadores más no se llegaba a soltar del todo, sabían del poderío de Yayo, de que aún jugando con dos menos podían desarticular cualquier defensa. Pero el equipo de todos no supo interpretar el dominio psicológico de la situación, y mientras que en el horizonte de las instalaciones asomaba Richi, Román y toda la saga resacosa de Perdidos por Villaviciosa, el equipo sufría el primer bofetón de la tarde, el rival se adelantaba por un capricho del destino, pero tranquilos, no sería el único.
A los pocos minutos, Yayo se paró con 7 en el campo, distribuidas las posiciones, se hizo dueño del partido cada vez que le tocó sacar del centro del campo. Los goles caían como agua de mayo, uno, dos, tres y ¿por qué no cuatro?, también, también, el equipo no se encontraba, pero tenía buenas vibraciones, por ejemplo en el primer remate a la portería rival, en el minuto 10 de la segunda parte, el balón, sublevado caprichoso, no quiso besar la red, es más, decidió marcharse fuera a escasos 4 metros del arco, ante la atenta mirada del cancerbero, al finalizar el partido Oscar, autor del remate comentó “la idea era conocer la cara del portero rival”, se sabe, en Yayo toda la plantilla respira estrategia futbolera.
Los minutos pasaban, los goles caían, Miguel Ángel se destacaba como el mejor de un equipo el cual, le plantaba cara a los dilemas e inconvenientes que se exhibían como limitaciones propias, “con el correr de los partidos nos vamos a ir encontrando”, reconocía el plantel al finalizar el encuentro, desde la redacción deseamos fervientemente que esta anhelada confluencia sea en el verde césped y no en bares, discotecas, y sábados por la noche. Cuando el partido moría, y una abultada diferencia se interponía entre los dos equipos, el 8 de los rivales la comenzó a pisar sobre la banda ante la atenta mirada de dos hombres de Yayo, y continuó el exceso de confianza retrocediendo y riendo en un clima jocoso que encontraba su festejo en el banco de suplentes, que avivaban el derroche de lo que sería una muy mala decisión. Un jugador del Yayo no toleró esta injuria que envilecía al gran equipo, entonces decidió aplicar un correctivo, para esto cruzó el campo a gran velocidad (se dice que fue el único momento que se lo vio correr en toda la tarde) y se acercó este mojigato diciéndole “que haces? Porque no la pisas cuando va 0 a 0, no hagas mas eso o te rompo las piernas, puto!” el insulto final fue desmedido, no así la amenaza y la colleja aplicada posteriormente a la falta. Ahí comenzó otro partido, donde Yayo y el Cuarteto Obrero no supo, ni quiso sacar ventajas; el intercambio de palabras le daba la espalda a los halagos, todo esto acompañado de un calvo que quería salir en la foto del Marca del lunes entrando en la gresca, y también, ¿cómo olvidar a un árbitro impresentable? un coctel explosivo que terminó mostrando la roja al número 37 del equipo… bueno, eso si hubiesen camisetas con números… claro. No queremos hablar de villarato, pero sin dudas se plasmó cierta parcialidad cada vez que el juez pitaba una falta. Claro está que a la organización del torneo no le conviene que a Yayo y el Cuarteto Obrero le vayan bien las cosas, “no somos un equipo con buen marketing” dijo uno, y es cierto, pero esta gran institución se tutea con el peligro sin pensárselo, y lo mira a los ojos, acostumbrado a vivir en conflicto se repondrá de este mentiroso debut, y explotará su potencial.
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